Inclinando la balanza

Inclinando la balanza

California ha cargado los dados en contra de las mujeres embarazadas de bajos recursos. Hay mucha más preocupación pública, fondos, atención y oportunidades para que una mujer pobre consiga un aborto que para que reciba cuidado prenatal.

En respuesta a la decisión de la Corte Suprema de revocar Roe, el gobernador Newsom y la Legislatura (cuyas promesas de 2018 de un sistema de salud universal de pagador único para California siguen sin cumplirse) se atropellaron por aprobar 13 leyes distintas sobre el aborto en este año legislativo, un esfuerzo amplio para maximizar el acceso al aborto para las mujeres de toda California y de fuera. Pretenden coronar estos esfuerzos con la Proposición 1, una iniciativa electoral estatal para consagrar en la Constitución de California un derecho al aborto completamente sin límites, sin restricción alguna incluso después de la viabilidad.

Pero ¿qué pasa con las mujeres que quieren quedarse con sus bebés? En ese tema, Newsom y los demócratas han guardado silencio, a pesar de la creciente crisis de salud pública por la falta de acceso al cuidado prenatal.

Yo vivo cerca de Fresno, California, una comunidad con altos niveles de pobreza y una gran población que recibe cobertura médica de Medi-Cal, el programa de Medicaid de nuestro estado. Desde que se legalizó el aborto, Medi-Cal siempre lo ha cubierto, a pesar de los intentos de la Legislatura de California en los años 70 y 80 de eliminar el financiamiento público del aborto. La Corte Suprema de California bloqueó esos esfuerzos con el argumento de que era inadmisible que California “inclinara la balanza” de la decisión sobre el aborto al hacer que Medi-Cal cubriera el cuidado prenatal y el parto, pero no el aborto.

Pero ahora está claro que California en realidad ha “inclinado la balanza” en la dirección contraria: hacia el aborto y lejos del parto. Casi el 25% de las mujeres del sur de Fresno no reciben ningún cuidado prenatal antes de dar a luz. Esto tiene consecuencias serias para la salud pública, como mayor mortalidad infantil y materna, bajo peso al nacer y otros problemas de salud pediátrica y materna.

El problema central es sencillo: Medi-Cal reembolsa muy poco por los servicios de cuidado prenatal. Como resultado, los consultorios médicos privados, que antes estaban más dispuestos a recibir pacientes de Medi-Cal para atención obstétrica como una especie de servicio público, están empezando a cerrarles las puertas. Cada vez más proveedores concluyen que no pueden cargar con la pérdida económica y las trabas administrativas que el estado les impone por atender a pacientes obstétricas de Medi-Cal.

Estas dinámicas financieras explican la decisión estratégica de muchos proveedores de aborto de no ofrecer cuidado prenatal. Las visitas prenatales son un mal negocio para clínicas de aborto como Planned Parenthood si la paciente tiene Medi-Cal. Esos chequeos consumen el tiempo del personal, ocupan las salas de examen y reembolsan muy poco.

En Fresno, Planned Parenthood tiene dos ubicaciones: una en el norte de Fresno, cerca de California State University, Fresno, y otra en el barrio Tower District, en el sur de Fresno. La clínica cerca de Fresno State está en una zona más adinerada de la ciudad, con más pacientes en edad universitaria que están en los planes de seguro privado de sus papás. Planned Parenthood ofrece cuidado prenatal en esa clínica. No lo ofrece en el Tower District, donde prácticamente todas sus pacientes tienen Medi-Cal. Está claro que estas decisiones no las mueve otra cosa que el todopoderoso dólar.

Si una beneficiaria de Medi-Cal descubre que está embarazada sin esperarlo y en circunstancias difíciles, tiene unas cuantas opciones, pero la balanza está claramente inclinada hacia un solo lado. Puede tratar de hacerse paciente en uno de los pocos consultorios privados de obstetricia y ginecología que todavía aceptan su seguro, donde el volumen de pacientes es enorme y la espera para conseguir una cita será larguísima. Puede ir a una clínica de salud calificada a nivel federal o a otra clínica comunitaria, donde enfrentará retos parecidos. Por cualquiera de los dos caminos tendrá que hacer pagos de su bolsillo de varios tipos, acudir a muchas visitas innecesarias (por las extrañas reglas de Medi-Cal que prohíben reembolsar varios servicios en un mismo día) y cubrir costos inesperados.

O puede ir a Planned Parenthood y conseguir un aborto de volada. El aborto encaja bien con las estructuras de ingresos y el flujo de pacientes de Planned Parenthood, y ofrecen el llamado aborto “con medicamentos”, la pastilla abortiva, en prácticamente todas sus ubicaciones. Su clínica del sur de Fresno ofrece tanto la pastilla abortiva como abortos quirúrgicos. De todos sus servicios, el aborto es por mucho la principal fuente de ingresos de Planned Parenthood.

Y California hará hasta lo imposible para facilitar que una mujer de bajos recursos consiga ese aborto. Si necesita transporte para abortar fuera de su ciudad, California se lo paga. A partir del 1 de enero, no tendrá ningún gasto de su bolsillo: ni copago, ni deducible. Y California está incentivando activamente a más proveedores a realizar abortos o a abrir nuevas clínicas para facilitarle el acceso.

California no ofrece ninguno de esos apoyos a las mujeres que simplemente quieren tener a su bebé. Está claro que en California no nos molesta inclinar la balanza, siempre y cuando se incline hacia un solo lado.

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