La Prop 71 tiró miles de millones en investigación inútil. Los californianos no deberían renovarla este noviembre.

Actualmente en la etapa de recolección de firmas, la California Stem Cell Research Institute Bond Initiative es una medida de bonos de 5,500 millones de dólares que muy probablemente llegará a manos de los votantes de California en noviembre. Su meta es financiar el California Institute for Regenerative Medicine (CIRM), que se creó con la Proposición 71 del 2004. Merece una oposición firme de parte de cualquiera que se preocupe por la ética en la investigación y por el gasto público responsable.

A principios de los años 2000, la investigación con células madre embrionarias se veía como un tesoro sin explotar para la investigación médica. Como las células madre son las primeras células del desarrollo del organismo humano y se duplican para formar cada parte de la anatomía humana, los investigadores plantearon la hipótesis de que esas células podrían usarse para generar rápidamente distintos tipos de tejido humano y tratar diversas enfermedades devastadoras. Con células madre derivadas del clon de un paciente, los médicos podrían obtener tejidos para tratamiento que el cuerpo del paciente no rechazaría como algo ajeno.

Esa era la visión optimista de principios de los años 2000, cuando muchos en la comunidad científica se lamentaron de las restricciones que George W. Bush impuso en el 2001 al financiamiento federal para la investigación con células madre que destruye embriones. En el 2004, California decidió de forma agresiva tomar la batuta y financiar esta investigación con una medida de bonos de 3,000 millones de dólares, la Proposición 71.

Con todas esas promesas, ¿por qué no debería el estado seguir financiando una investigación que suena tan importante? Aquí te explico por qué:

1. Abaratar la vida humana: este proyecto financia investigación con células madre que requiere crear (mediante clonación) y destruir embriones humanos. Estos son organismos humanos con conjuntos de ADN totalmente únicos, nunca antes vistos en la historia de la humanidad, que no son una carga para la autonomía de ninguna madre existente. Crear vida humana mediante clonación, con el único fin de usar las células de ese ser vivo para investigación, instrumentaliza y devalúa la vida humana.

Es más, el uso de esos embriones es innecesario. Las células madre adultas (es decir, células madre derivadas de fuentes que no son embriones y que no provocan la destrucción de un organismo humano) ahora pueden llevarse al mismo estado pluripotente de las células madre embrionarias, capaces de replicarse y dividirse en casi cualquier tipo de tejido humano. Se llaman células madre pluripotentes inducidas, y son el equivalente funcional de las células madre embrionarias, solo que son más baratas y más sencillas de conseguir.

La obsesión por enfocarse en células madre derivadas de embriones humanos clonados y destruidos siempre ha estorbado el apoyo político unificado a esta investigación. Convierte el tema de la investigación con células madre en otro frente más de nuestra lucha política y cultural por el aborto legalizado, cuando eso es innecesario.

2.     Responsabilidad en el gasto: los que apoyaban la Proposición 71 argumentaban que los problemas morales de la investigación con embriones eran insignificantes comparados con el enorme potencial de desarrollar nuevas curas y tratamientos. Aseguraban que el rendimiento médico y financiero en curas y tratamientos superaría con creces el costo de una inversión de bonos de 3,000 millones de dólares. Esos beneficios nunca se materializaron.

Esto fue lo que encontró el San Francisco Chronicle cuando informó sobre el tema en el 2018: "Ni una sola terapia aprobada a nivel federal ha resultado de la ciencia financiada por CIRM. La lluvia de ganancias financieras que se predijo nunca se materializó. La mayor parte de las subvenciones de CIRM se han ido a investigación básica, programas de capacitación y la construcción de nuevos laboratorios, no a ensayos clínicos que prueben el tipo de curas y terapias potenciales que esos miles de millones de dólares se suponía que iban a entregar".

¿Por qué fue semejante fracaso? CIRM le apostó al caballo equivocado: la investigación con células madre embrionarias. Resulta que, cuando las células pueden convertirse en cualquier parte del organismo humano, lo van a hacer, de forma incontrolable. Las células madre embrionarias tienen muchas más probabilidades de causar tumores cancerosos que de servir como material adecuado para tratamientos.

En cambio, las células madre adultas se han convertido rápidamente en el estándar de oro de la investigación con células madre, con decenas de miles de personas recibiendo tratamientos con células madre adultas cada año y más de 3,500 ensayos clínicos en curso o ya completados. Por su capacidad más limitada de división celular, las células madre adultas son más controlables y, por lo tanto, más útiles. Hasta CIRM se ha visto obligado a reconocer esto al desviar más de su dinero hacia la investigación con células madre adultas.

Hay una bolsa limitada de dinero de los contribuyentes para la investigación médica, y existe una especie de urgencia moral (por el sufrimiento y la muerte posiblemente innecesarios que provocan las enfermedades potencialmente curables) de gastar ese dinero en caminos de investigación que sí den frutos. No se debe desperdiciar en proyectos sin salida, motivados por la ideología, la vanidad o el interés económico de los investigadores.

En ese cálculo, CIRM claramente ya no merece financiamiento público, a menos que cambie de raíz su enfoque y se aleje de toda investigación que implique la creación y destrucción de embriones, y dirija su atención exclusivamente a las células madre adultas y a las células madre pluripotentes inducidas. Cualquier otra cosa sería un desperdicio inmoral de dinero y de vida humana.

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